CAMBIO E INNOVACIÓN: BUSCANDO LA EDUCACIÓN INTEGRAL


Hand holding light bulb on blackbard

 

En las últimas décadas, las reformas en educación se han hecho más frecuentes y ambiciosas, debido a los requerimientos múltiples, tales como los efectos del mundo globalizado que afectan las relaciones económicas y de producción, el desarrollo científico y tecnológico; las secuelas de la sociedad de consumo; la necesidad de hacer frente a la crisis de valores que aquejan a las sociedad actuales, entre otras. (Sánchez, 2013).

Sostengo que las escuelas y liceos de nuestro país se encuentran colapsadas, desorientadas ante la incertidumbre que genera la puesta en marcha de una nueva reforma educativa, que removerá los cimientos sobre los cuales se movió un ciclo de 30 años. Ante este escenario, requerimos una concepción de educación guiada por una concepción de ser humano, centrada en un acción verdaderamente humanizante (Habermaas, en Barnett, 2001), coherente con nuestra Ley General de educación, que compromete a través de la educación la posibilidad de desarrollar todas las capacidades de forma integral y acuerdo a su edad. Esto implica, impulsar un cambio sustantivo en que las escuelas y liceos, deben apuntar al desarrollo de aprendizajes en los ámbitos de lo moral, espiritual, intelectual, físico y afectivo, de manera que los estudiantes puedan desenvolverse en distintos ámbitos de su vida y no centrar la formación en reduccionismos cuantitativos que sobrevaloran lo estadísticamente descontextualizado con la perversa aplicación de evaluaciones estandarizadas que dejan fuera la evaluación de habilidades blandas o habilidades para la vida. Bajo el enfoque reduccionista se termina modelando en el estudiante, el profesor, la escuela, familia y sociedad, ciertos mensajes centrados en la cuantificación y el énfasis en la medición de determinados atributos y el desprecio de otros, que paradojalmente están presentes los distintos discursos de educación. Ejemplos importantes de estas contradicciones encontramos en la idea y utilización de SIMCE, PSU, INICIA con la implicancia de que finalmente nos convertimos en aquello que medimos. Sánchez (2013) El desafío está en ¿Cómo convertir a la educación en una práctica social acorde con los nuevos descubrimientos en cuanto a quienes son, cómo aprenden nuestros estudiantes y con las nuevas orientaciones didácticas?

Se justifica plenamente instalar una propuesta de innovación curricular con la finalidad de institucionalizarla, pues a decir de Hall y Hord (1987) y Louis y Miles (1990) han considerado que el impacto en el Centro, es decir, los cambios que se van produciendo, mayores o menores, en la organización, tanto en las estructuras como en el funcionamiento, es la característica que muestra con más claridad el éxito de la innovación, porque supone la posibilidad de la institucionalización de la misma, por su amplitud y por su permanencia. Estos cambios pueden referirse a los procesos de comunicación, de colaboración en la tarea educativa, de implicación del personal de la escuela en tareas y proyectos comunes, de ejercicio del liderazgo (Ainscow Hopkins,y West,1994; Medina, 1996), o en el simple uso de espacios, de organización del tiempo, de adquisición de recursos más variados y apropiados.

Existe un consenso sobre la importancia del liderazgo de los directores de escuela para la mejora de la calidad de la educación y que se basa prioritariamente en su potencial influencia en los docentes de aula y a su vez sobre las expectativas que éstos tienen sobre las competencias de los estudiantes.

Si los estudiantes logran identificar adecuadamente sus competencias podrán adquirir/o fortalecer un conjunto de habilidades sociales que permitan mejorar su rendimiento y su interacción en contextos diversos. En este sentido, se reporta desde la investigación las consecuencias para ciertos estamentos de jóvenes en que las desventajas se acentúan, por la falta de capital cultural, social y económico de sus familias, a lo que se agrega la baja calidad de la formación escolar, que impide competir en igualdad de condiciones a medida que avanza el trayecto formativo (preescolar, básica, media y superior). La OCDE (2009), señala que los “alumnos de escuelas municipalizadas y familias más pobres tienen mucho menos posibilidades de aprobar la PSU que los colegios privados y familias más ricas”. Siguiendo esta lógica, los resultados presentados por Ruffinelli (2009) adquieren un enorme sentido, ya que una persona con un capital económico anterior, tendría mayores posibilidades de aumentarlo o mantenerlo que aquella que no lo tiene; lo mismo con el capital social. Así, el capital que posea un individuo, va a determinar un posible abanico de trayectos típicos que ha de recorrer quien hereda un determinado capital. Por lo tanto, las escuelas y liceos, especialmente del sector municipal requieren de líderes con una mirada más amplia y de largo plazo, con capacidad de adelantarse a las necesidades que demandará el futuro.

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