EL GUARDIAN ENTRE EL CENTENO

Pocas novelas adolescentes han tenido la repercusión de la obra del escritor estadounidense Jerome David  Salinger, la cual revolucionó a la sociedad de su país, desde su publicación en 1954. Me refiero a “El guardián entre el centeno”, una novela traducida a más de cuarenta idiomas. La figura bastante enigmática de su autor aporta también a esta especie de culto que se rinde a la obra, la cual tiene un lenguaje muy sencillo, pero una apertura a interpretaciones que podrían ser muy disímiles.

Técnicamente, la obra está  escrita en primera persona, con el recurso literario “in extrema res”,  pues se inicia y cierra en la misma situación. Narra las vivencias de Holden Caulfield, un adolescente de clase alta que ha sido expulsado de una de las tantas escuelas particulares por las que ha pasado. Durante los días previos, el joven no solo se disgusta con su profesor de historia, sino que también pelea con su compañero de cuarto y rechaza al ocupante de la habitación contigua por considerarlo molesto y poco higiénico.

Tenemos a un adolescente que a sus diecisiete años se resiste a entrar al poco valorado –según su criterio- mundo de los adultos, pero lejos de aceptar su realidad e intentar mejorar su conducta, el protagonista decide escapar a Nueva York, donde continuará sumando problemas. En esa aventura, Holden miente, intenta satisfacer sin éxito sus deseos sexuales con una prostituta, discute con quienes aceptan su compañía, pero también se acerca a su pequeña hermana y le revela su sueño de convertirse en el guardián de un campo de centeno ubicado al borde de un precipicio, donde evitaría que los niños que jueguen en él caigan al abismo.  En este texto podríamos interpretar una imagen literaria que tiene que ver con el deseo del protagonista de conservar esa etapa de la vida –la niñez- la cual es pura, sincera y genuina, en un ámbito casi sagrado, idealizado, él se encargaría de mantenerlos en ese estado, tal vez el precipicio pueda entenderse como la caída libre en la edad adulta, en el abismo, en la inseguridad…

Por medio del uso inteligente del lenguaje coloquial nos inmiscuimos en el que quizá sea el punto de quiebra de esta novela: las opiniones de Holden, las cuales están canalizadas por medio de un tono irónico, teniendo a la hipocresía social, a la discriminación de clase y los hábitos culturales como puntos preferidos de sus constantes críticas. Holden es, por decir lo menos, un adolescente turbado, nervioso y en continua y patente rebeldía. Uno llega a sentir cierta clase de tristeza por él, pese a ser un adolecente mimado y ultra satisfecho económicamente, que acarrea consigo una profunda soledad y desolación, en parte por la crianza que ha tenido en internados de colegios y de la relación a veces muy impersonal con su compañeros, a los cuales irremediablemente termina odiando, pero aún así, nos conmovemos con su desolada ternura y su afecto casi idólatra que brinda a sus hermanos, que raya en la admiración.

Si bien en su momento “El guardián entre el centeno” sufrió censuras y fue varias veces criticado, no es un detalle menor el hecho de haberse convertido en uno de los libros de lectura obligatoria en el ámbito escolar estadounidense y en una de las obras más leídas en su país de origen.

Entre las anécdotas más difundidas se cuenta que Mark David Chapman, conocido mundialmente por haber asesinado a balazos a John Lennon, en no pocas oportunidades ha declarado que se inspiró en El Guardián entre el centeno para llevar a cabo su crimen.

En conclusión, se trata de una novela más bien reflexiva e introspectiva, en la que la perspectiva del personaje es más importante que la propia acción, y se inscribe en la línea de la actitud de inquietud existencial de los “rebeldes sin causa” que se convirtió en un icono en los años 50. Lo mejor de la obra está en la concentración temporal de la historia, llena de acciones incompletas como reflejo de la confusión emocional del protagonista (incapaz de tomar decisiones, cambia de objetivo constantemente o, cuando está a punto de conseguirlo, se siente decepcionado), y en el retrato del protagonista, que al mismo tiempo divierte, exaspera y enternece… Holden se convierte así en el adolescente por antonomasia, y representa los temores, amarguras, dudas y las presentidas decepciones y conveniencias que conlleva la entrada en la vida adulta características de esa etapa de la vida humana.