Mito y realidad de la admisión por méritos

A partir de los resultados de la PSU, pues los puntajes son decisivos no solo para ingresar a una universidad selectiva, sino también para acceder a la gratuidad- se ha abierto un debate nacional sobre el cierre o término de los proyectos educativos de los liceos de excelencia. En esta proliferación de opiniones, encontramos unas muy bien fundamentadas y otras que no lo son.

Tres senadores en forma transversal un demócrata cristiano, un socialista y un tercero de Renovación Nacional, ingresarán al senado un Proyecto de ley para reponer la selección en estos planteles basada en el mérito, en tres criterios: notas, ranking de notas o pruebas de conocimientos, ellos han entendido el sentido de urgencia y han elevado la mirada tras la formación de capital humano que el país necesita para el futuro.

Algunas voces, menores, y bajo una mirada miope atribuyen los resultados exclusivamente a la “selección”. Estos liceos se hicieron para los alumnos que quieren aprender. En eso consiste la selección y sigue siendo legítimo buscar a los que quieren aprender, pues el mérito académico, artístico y/o deportivo debe ser resguardado como un tesoro clave para el desarrollo de la nación. Pero ¿Cuál fue el resultado de este empeño conjunto de directivos, profesores y Mineduc?. Son resultados sorprendentes y altamente motivantes. Los mismos niños que en Diciembre 2011, estaban aprendiendo un 30% en sus escuelas, en Diciembre 2012 alcanzaban un 80%. ¡Los mismos niños! Después comenzaron a liderar el SIMCE y ahora la PSU.

Es falso que los cambios en educación demoren una generación entera, los niños no pueden esperar. Si asiste a clase, en esa aula debe aprender, se le debe enseñar para que aprenda. Algunas voces ingenuas señalan que no les interesa el SIMCE o la PSU, pero sí que sean niños felices. Ningún buen educador, creo, pretendería modelar niños infelices, por eso son inaceptables estas engañosas, peligrosas y populistas premisas que se pretenden instalar con erráticos criterios de realidad.

Da gusto leer en la prensa como en forma transversal –así debería ser siempre- estos tres senadores ingresarán al senado este Proyecto de ley para reponer la admisión a liceos bicentenarios basada exclusivamente en el mérito, porque el talento, el esfuerzo, el rigor sí importan; los OIC (Otros indicadores de calidad educativa) vienen por añadidura.

Hoy es el SIMCE, a nivel internacional es la prueba PISA o la LLECE, la sigla es lo menos importante, lo cierto es que siempre los sistemas evalúan. Y en Chile estas dos mediciones, con todas sus imperfecciones, son el único instrumento predictor de calidad educativa que usa el MINEDUC y las universidades para filtrar el ingreso.

Ahora, la felicidad como concepto filosófico, remite a la realización o satisfacción de todas las necesidades humanas bajo la elemental teoría de Maslow, hasta alcanzar el quinto nivel de la auto realización vinculada a la trascendencia. Claramente, si un niño no sabe comprender bien lo que lee difícilmente podrá comprender el verbo trascender, ¿Será éste un niño y luego un adolescente feliz? No lo sabemos con certeza, pero sí podemos afirmar con absoluta convicción que seguirá siendo excluido de la universidad, una de las vías para la movilidad social, dejando atrás la pobreza y soñar al menos con la posibilidad y derecho de ser feliz.

La crítica más repetitiva es que los bicentenarios, ayudan al descreme, o sea que sacan a los mejores alumnos de cada clase y los concentran, y puede que en liceos emblemáticos de gran impacto como el Instituto Nacional, (4.000 estudiantes) pueda ocurrir aquello así como brindar atención a los estudiantes de los quintiles más altos, sin embargo, en regiones en que el tamaño muestral es más reducido, eso no es posible. Y en nuestra realidad del Liceo Bicentenario Valentín Letelier, eso no es factible.

Dije anteriormente que da gusto ver como en forma transversal tres senadores (DC, RN y del PS) ingresarán al senado un Proyecto de ley para reponer la selección basada en la meritocracia, tengo la confianza –siempre pensé que reinaría la cordura- en que así como estos senadores han entendido la necesidad país de preservar la formación intelectual exigente, rigurosa, única vía de elevarnos a la categoría de naciones desarrolladas, también en el hemiciclo comprenderán que no es cierto que los liceos bicentenario del país ofrecen educación a las élites, en regiones las brechas de vulnerabilidad, la ruralidad y acceso son barreras difíciles de superar. ¿Quién podría afirmar que el Liceo Bicentenario Valentín Letelier de Linares, es elitista, con un 70% de índice de vulnerabilidad, 40% de ruralidad, y 20% de padres profesionales?. ¡Por favor, basta de falacias que solo merman los fallidos intentos de mejorar la educación pública buscada durante décadas. A algunos, pareciera que les incomoda que en sólo 6 años, un liceo municipal muestre buenos estándares de calidad y rompa ese viejo discurso que los cambios en educación demoran décadas, otra falacia. Solo trabajamos bajo un enfoque de calidad y de extrema urgencia; los niños y niñas eufemísticamente llamados vulnerables, no pueden esperar.